El amor no vulnera, invencibiliza.



Se ha hecho del amor un drama, ¿y para qué?.

Es algo reticente la idea tan errada como popular de que las personas sufren por amor. Eso no puede ser posible, de hecho, es imposible. 

Corazones rotos que se cierran para no volver a ¿amar?. Suicidas que mueren por ¿amor?.

El amor dista mucho del sufrir. ¿Cómo puede alguien que ama, sufrir?.

Algunos muchos dogmas disfrazan a sus santos mártires de amor como una muestra a la humanidad de lo que le espera al que ama. Se puede ver el fin de Jesús, aún sigue exhibido con orgullo en muchos templos clavado y sangrando en una cruz. Murió, no sin antes padecer, por el amor a la humanidad. Un amor ciertamente tentador para cualquiera. Para cualquiera con algún desorden mental.

Mientras se siga creyendo en la idea de que el amor trae sufrimiento a la vida de la persona, pero que vale la pena porque le hace humano y bla, bla., el mundo será una pesadilla para quien quiera convivir con esa idea.

Hablar de amor incondicional es una redundancia, porque el amor en sí mismo no es condicional nunca y si lo es, naturalmente, no es amor.

Y es justamente ese pseudoamor el que hace sufrir. Pero es simplemente porque no se está amando.

Trocar moral por entendimiento.

La guía básica de toda sociedad sigue siendo, en estos días, mayoritariamente el juicio moral.

Y no es casualidad, siendo que, desde una edad muy temprana se adoctrina a la persona con regaños, tonos altos en la voz, ceño fruncido, ademanes con las manos, gritos y hasta golpes. Que indican que se está haciendo algo, no digamos mal, sino algo discordante con la idea de bien del o de los adultos encargados de la “educación”.

Con este tipo de instrucción-alienación, difícilmente se llegue a entender de qué se trata el buen vivir y la felicidad, porque la mente moral tiende a juzgarlo todo y de esa manera siente que controla, debido a que le aterra lo que está más allá de la lógica preestablecida.

Y la moral es muy tramposa por su carácter de subjetiva. El recurso de la moral sólo es válido en la falta de entendimiento y en la dejadez que evita usar el discernimiento en el momento presente en que la vida y sus circunstancias ocurren.

Mi bondad te condena.


El adoctrinamiento moral de las personas con fines sociales ha conseguido imponerse con gran éxito.

No hubo persona que haya escapado a los clásicos lineamientos del deber ser buenos. Porque el "ser buenos" es bueno naturalmente.

¿Por qué "ser bueno" es bueno?.
No sabría responder cuál es el beneficio de "ser bueno" en un sentido moral, pero si podría decir que hay una cierta tendencia a pensar que es una ventaja a nivel social.

El ser bueno moral o social significa que no se está procediendo de manera espontánea o natural, según el sentir, sino que interviene el razonamiento lógico que evalúa por bien o por mal según diferentes variables configuradas en la mente por: educación,  alienación, adoctrinamiento, cultura, etc.

En este proceso la mente suele hacer una estadística propia de cuántas veces se fue bueno en comparación con otros y luego de obtener los resultados, los que suelen ser algo tendenciosos, se resuelve hacer uso de ese cúmulo de bondades en contra de aquellos a los que se considera no tan bondadosos.


Desbaratar a la víctima (interior).









Haber aceptado la idea de que somos débiles y vulnerables le dio forma a una impronta muy arraigada en la mente que se manifiesta y posee influenciando el sentir de forma nociva.

Esa aparente adicción a sentirnos víctimas de las circunstancias y/o personas, nos vuelve la vida pesada y poco llevadera.

En un estado alterado de la mente, donde ésta no puede “ver” con claridad, es cuando emergen sentimientos nocivos que se confunden con placenteros. Como es el caso del victimismo o el morbo. 

Una persona que dice padecer las noticias al darse cuenta de los horrores que ocurren y a la vez reconoce que se siente atraída por este tipo de “espectáculos”, evidentemente tiene un problema y es que su mente asoció el placer a esta práctica.

Lo mismo ocurre con las personas que se ponen a sí mismas en posición de víctima. Lo que están haciendo con ésto es satisfaciendo su necesidad de experimentar el “placer” que le da sentir a otro culpable.

Aborto. ¿La vida puede ser interrumpida?.




Hay un dilema conceptual al momento de hablar de vida. Circunscribir la vida al cuerpo humano está creando problemas. Problemas que se están abriendo paso siempre por los mismos caminos y hasta tanto no se pongan en perspectiva y sinceramente se decida dejar de crearlos no se terminarán.

El aborto es uno de esos problemas creados innecesariamente por quienes presos de sus pasiones por juzgar y condenar a otros se inventan motivos que incluso atentan contra su propia ideología.

Si alguien nos pidiera que definiéramos la vida estaríamos en problemas. La vida es algo que existe y se manifiesta en el universo de diferentes maneras. De todas formas intentaremos hacer una analogía de modo de tratar de representar el fenómeno de la vida manifestándose en un cuerpo humano.

Promover el trabajo infantil.


Para un mundo que ve el trabajo como una obligación y casi una condena inevitable, promover el trabajo infantil puede sonar como una herejía, es más, se considera ilegal. Y es algo natural, a los legisladores y a los gobernantes la palabra trabajo les suena a algo serio y sacrificado.

Pero los niños no viven el trabajo de la misma manera que muchos adultos. Ellos se divierten, juegan y les encanta poder colaborar, que se les considere, que se les de lugar y la posibilidad de hacer algo “importante”.

No son pocos los mayores que descubrieron que los niños son felices ayudando a su manera en las labores de la casa, en la oficina, en el taller o donde sea que uno quiera darles el espacio.

Lo principal a tener en cuenta al momento de incorporar el trabajo de los niños de modo de asegurar su felicidad es lograr que la explotación sea completa nunca ofreciéndoles una retribución por su trabajo.

Superstición. Creer para ver.


La superstición está muy relacionada con la sugestión, ambas emergidas de la mente y su conformación ideológica.

Existen comunidades en el mundo donde la superstición predomina e influye en el cotidiano vivir de maneras poderosas.

No faltan aquellos que asocian el color negro con lo malo, perverso u obscuro. O quienes creen en prácticas de brujería, maldiciones, daños causados a partir de ritos “obscuros”. Quienes creen en espíritus, fantasmas, demonios, etc. etc.

Y todo este tipo de creencias cobran realidad en la mente que las genera. Y, ciertamente, no es recomendable en ningún sentido.

Aunque se tratase de “buena” superstición, ésto es, creer en el poder de objetos como velas, sahumerios, símbolos, etc. más allá de uno mismo.

Es apropiado recobrar el poder que uno tiene sobre su realidad, la cual sólo se ejerce de manera voluntaria y con conciencia.

Las personas tenemos el poder que el pensamiento nos otorga y el de la fe en ese pensamiento, sea que se trate de algo esperanzador o de miedo.

Dios al servicio de la vida.


Dios es una palabra literal, la que puede ser asociada por la mente de diferentes maneras.

Lo común es que no tenga mucho de sano o bueno, siendo que suele asignársele la gran propiedad de entidad superior y “perfecta” que en contraposición con lo inferior e “imperfecto”se convierte en un arma mortal y condenatoria como pocas. 

También puede ser asociada a la jerarquía, dónde en el nivel más alto se encuentra esta entidad, déspota, juez y con el suficiente morbo como para manejar todo y a todos con una voluntad egoísta que disfruta demostrando su poder a pequeñas e insignificantes criaturas del universo.

Dios suele ser usado como excusa para divisiones, condenas, enfermedades, martirio, culpa, sufrimiento, etc. en definitiva, nada que suene muy alentador ni atractivo. Sin embargo, e irónicamente son éstos los conceptos populares que atraen masas, y no es una casualidad, dado que es la mente la que crea al Dios a su antojo, le da poder y le asigna una personalidad que complazca sus necesidades del momento. Así podemos encontrar tanta cantidad de Dioses como ideas hay en la mente. Una mente infantil y adicta a la culpabilidad no podrá crear otro Dios que el morboso, juez y condenador.

Misantropía crónica persistente.


El odio del humano hacia el humano es una práctica y/o sentir más común de lo que se cree.

Como una suerte de pseudo-humildad, no son pocos los que se refieren al ser humano, con una especie de auto-crítica despiadada, como una entidad despreciable, dañina, poco inteligente o incluso, inapropiada para vivir en el planeta, por su cualidad de altamente destructivo y apático con la naturaleza.


Un ejemplo podría ser esta frase de Sigmund Freud quién habría dicho algo como:



La más clara prueba de que existe vida inteligente en otros planetas, es que aún no han venido a visitarnos.”

Si se examinan las ideas que surgen cuando pensamos en el ser humano o la humanidad, de seguro nos encontraremos con un sentimiento de desprecio, un sentir implantado y latente en el interior que aflora de a ratos.

La concepción que se tiene, en líneas generales, del ser humano, no es muy alentadora, sobretodo, para los humanos.

Mimetismo. Falsa idea de las buenas relaciones.


En las relaciones personales es muy poco frecuente que emerja el amor, pero no porque no esté ahí o no sea posible, sino porque como opción más “fácil” y “rápida”, que suprime toda posibilidad de experimentar el amor y aunque con un precio muy caro, aparece el mimetismo.

Es muy común creer que para llevarse bien o entenderse con alguien hay que ser “igual”, en el más superficial de los sentidos, y se busca la mimetización que, a veces, es la forma de alago o muestra de cariño que se cree benéfica, pero que no lo es.

No puede ser benéfico tener o querer relegar ser lo que uno es por alagar a otro,sea por miedo a no ser aceptado o por temor a la discordia y la pelea. 

La mimetización implica que hay alguien que está relegando su propia unicidad por “encajar” o por no causar discordia.

Volver a la gratitud.

Pueden parecer algo alejados, de lo que suele ser considerado como salud, aquellos artículos destinados a las formas de pensamiento y creencias reinantes en la mente.

Pero viéndolo desde el punto de vista de que toda enfermedad se origina en la mente, independientemente de las explicaciones que intentemos darle a aquellas enfermedades congénitas o de los niños al nacer, tiene sentido.

Quizás resulte polémico este planteo, si se lo juzga desde razonamientos prácticos y por qué no, materialistas, pero también puede ser alentador saber que la salud depende netamente de una re-educación y re-estructuración en el pensamiento de quien tiene el convencimiento y juzga su falta de salud.

Retomando la idea de que desde el pensamiento voluntario y consciente uno mismo puede prescindir de la necesidad de manifestar enfermedades en su cuerpo porque deja literalmente de creer en que éstas puedan existir sin el aval de su mente...

Y si se considera que las personas que experimentan malestar, no están en paz ni son felices, y que ésto es el resultado de no reconocer la propia valía a nivel mental porque ésta fue desplazada por la valoración de lo superficial, o sea, del cuerpo.

Como herramienta de sanación de falsos valores en la percepción existe la práctica de la gratitud. Ésta implica el reconocimiento y el reordenamiento del pensamiento a una forma armónica que indefectiblemente se reflejará en el cuerpo, porque éste siempre es un reflejo de lo que en la mente mora.