La medicina tiene grandes avances día a día, pero éstos son retrasados rotundamente por varios factores.
1) La imponente presencia de la farmacia, tanto en el empirismo del consultorio como en el ambiente educativo. Hoy en día no hay casi diferencia entre en médico y un farmacéutico.
2) La perspectiva de la enfermedad. La creencia profunda que existe, tanto en el precursor de la salud como en el receptor del tratamiento, de que las enfermedades son autónomas.
3) La economía monetario-financiera. Los incentivos a la medicalización siguen estando más vigentes que nunca. Los profesionales de la medicina, pero sobretodo los de la psiquiatría, no tardan en darse cuenta que sus tratamientos no sólo no benefician ni resuelven ni curan, sino que incluso agravan, aditan daños al existente, perjudican y/o matan con más frecuencia de lo que creían. Por tanto, deben tener al menos una gratificación y esa es la que viene a suplir el dinero.
4) El despotismo cuasi mafioso del ambiente médico. El ambiente médico tiene un funcionamiento parecido al de la mafia. Mientras se mantengan en su ambiente, con sus métodos, se puede dañar, perjudicar y/o matar con protección. Difícilmente se condene a nadie por inducir al suicidio a un paciente a través de fármacos psiquiátricos. Y es algo que de hecho se hace a menudo. Mismo si ocurre una masacre causada por alguien que entró en un brote psicótico inducido por fármacos, tampoco se responsabilizará por mala praxis al medicalizador, porque éste no se salió del ámbito de protección de la nueva mafia, con la diferencia de que ésta consiguió ser legal.
Actualidad.
Hoy se siembra la idea de que se trata de una pandemia mágica la de la falta de salud mental, y la consecuente naturalización.
Cada persona que empieza a manifestar síntomas, se le convence de que es una víctima de algo misterioso pero popular. Con la excusa de la no-estigmatización se creó el nuevo ser humano, de características subyacentes (débil e incapaz ) cualidades que debe aceptar y atesorar subrepticiamente.
Como no sólo los psiquiatras llegan a la conclusión de que sus métodos y medicamentos son estériles y preservan el malestar crónico, sino que todo aquel que pasó muchos años bajo estos tratamientos lo ha concluido. Con la diferencia de que éstos últimos no tienen incentivos de ningún tipo y su deterioro cognitivo en el que se encuentran, serían incapaces de reconocerlos si los hubiera.
Así es como aparece el otro brazo de la medicina, el que pretende pasar por compasivo y humano.
El que facilita la muerte como forma de parar el sufrimiento, en gran parte, inducido por la misma medicina.
La facilitación de la muerte no es barata ni accesible para el sufriente, por lo que, es muy probable que se empiece a promocionar como un beneficio que deben de otorgar los gobiernos o fundaciones. Y por supuesto, sabemos que el cuerpo humano porta un gran valor dentro, el cuál se puede seguir explotando incluso post-mórtem.
Sería como las nuevas leyes de aborto pero para los ya nacidos que viven miserablemente y la medicina disponible y obligada, no sirve para ellos.
La perspectiva no parece ser positiva, más que nada por la popularidad que lograron varios fármacos que son los nuevos dulces.
No son de venta libre, pero es como si lo fueran. Sólo necesita pagar una consulta en casi cualquier psiquiatra y citar algún síntoma clásico de la actualidad. Falta de sueño, falta o exceso de energía, falta o exceso de apetito sexual, pensamientos suicidas, paranoia, pensamientos depresivos, estrés post-traumático, adicciones, etc., etc. y así conseguirá la receta con alguno o varios de estos dulces, prácticamente sin mencionar nada de su vida. Porque de eso se deberá encargar un psicólogo.
Dadas las circunstancias, lo primero sería evitar cualquier medicalización sin tener un diagnóstico basado en evidencia. Estudios toxicológicos, de niveles de vitaminas, minerales, hormonas, etc. escaneos cerebrales, análisis de presencia de parásitos y/o bacterias, control de medicación que se esté tomando (Ej. paracetamol está sospechado de causar cambios en la conducta incluso de causar depresión).
En el caso de que esté pasando alguna situación propia o con la de algún familiar, que esté en manos de la psiquiatría y ya haya podido corroborar sus efectos, puede intentar la desintoxicación, tanto de alguna previa a la medicación y la surgida a posteriori con los componentes presentes en la propia medicación..
Muchas veces, trastornos alimentarios, mal nutrición e intoxicación producen efectos en la mente que confunden el entendimiento o crean estados de ánimo que hasta no desintoxicar o nutrir bien el cuerpo no se subsanará.
La peor de las causas y la más difícil de subsanar, es la disfunción familiar. La incompatibilidad de caracteres. Sobretodo cuando se trata de niños con su progenitores. Éstos últimos suelen negarse a la idea de ser la causa de los males de su/s hijos. Prefieren la idea de que se trate de un trastorno medicalizable antes de aceptar la peor de sus sospechas.
Los padres que se niegan a la idea de ser la causa del desequilibrio de su hijo, son los que confunden la causa con la culpa. Sin entender que la causa se puede cambiar, se puede corregir, tiene solución. Ocultando la causa, negándose a verla y reconocerla, se eterniza y se vuelve una condena para todos.
Apelando al sentido común y al sentir puro de corazón de esos padres, se les exhorta a que le pidan perdón a sus hijos, sinceramente, honestamente. Porque es lo que más rápido surtirá efecto en sus vidas. Siendo que es muy poco probable que consigan liberarse de la culpa si no es a través de sus hijos.
Por último, dejar en claro, que todos, en mayor o menor medida, tenemos “fantasmas” intentando entrar en nuestras debilidades y creencias limitantes. La mejor forma de trascenderlos, es la pasiva. No haciendo nada. No huir, no enfrentarlos, no distraerse, no autolesionarse, no auto convencerse de nada de lo que estos fantasmas digan. Aceptando que están ahí porque los creamos, porque algo que creímos o vivimos con fragilidad nos marcó y emerge cíclica o eventualmente. Hay que mantenerse lúcido y sobretodo “querer hacerlo” para poder descifrarlo y pasar a otra cosa.
Conclusión.
Que no se le dé tanta entidad y poder al conjunto de síntomas (llamado enfermedad) y se le devuelva la autonomía, voluntad y poder al ser humano consciente y pensante. Salud!
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