lunes, 9 de septiembre de 2013

Demuestro, luego existo.


¿No es, quizás, aquello que se puede mostrar lo más valioso que tenemos?.
Este es un mundo donde todo debe ser evidenciado, mostrado y/o probado, porque de no ser así no existe, no vale, es irrelevante porque pasa de inadvertido.

¿No está siendo la humanidad condenada por la sobre valoración y hasta adicción que ha desarrollado por lo apreciable con los sentidos más físicos?.

Desde el momento en que comenzamos a desarrollarnos como humanos, comprendemos que estamos inmersos en un mundo físico el cual podemos percibir parcialmente desde diferentes sentidos y maneras, generando un alto vínculo con este mundo que si bien condiciona, también  enseña y pone a prueba nuestras capacidades.

Pero más allá de lo científico que resulta el hecho, puede que, cómo seres inteligentes, logremos descubrir dentro de las posibilidades que brinda la consciencia, un mundo al cual podamos  enseñar y devolver todo aquello que nos brindó desde un inicio pero potenciado con nuestra inteligencia y por qué no, gratitud y afecto.
Necesariamente se debe comenzar con reconocer que existe algo así como una consciencia que nos da la posibilidad de romper el vínculo limitante del mundo físico, algo que no logra ni siquiera la muerte, la muerte no puede desvincular de lo físico, sí lo puede hacer la consciencia.

Cuando uno tiene la necesidad de demostrar algo, lo que sea, habilidades, sentimientos, posesiones, actos, creaciones, etc., significa que está vinculado al mundo de manera inconscientemente limitante, y la señal de esto es el miedo, el miedo a no existir, a desaparecer, por esto necesitamos testigos que nos demuestren que somos reales.

El ego necesita espejos para reforzar su existencia física, porque al parecer no es posible otra existencia que no sea la física, esa naturaleza que adquirimos como derecho de nacimiento.

Y no hay nada que despreciar del mundo físico, sino mucho por reconocer y con la supremacía que potencialmente da la consciencia, tendremos la capacidad de valorar y apreciar al mundo y a nosotros mismos, de otra manera, más íntima, más personal.

En la consciencia cada pensamiento es observado, cada movimiento medido y calculado, cada acto, voluntario y cada sentimiento genuino, puro y libre de ego.

Cuando se inicia el camino del no demostrar se toma consciencia de la cantidad de reclamos, requerimientos y demandas de demostración, que existen destinados a oficiar de vallas altas y seguidas una tras otras con demasiada poca distancia, lo que causa muchas veces, que saltemos unas, derribemos otras, caigamos y hasta nos lastimemos y desanimemos. Y si es conocido el hecho que la destreza de un gran maratonista la logra practicando con disciplina y sin poner en duda su capacidad de lograrlo, de la misma manera se consigue la independencia de la necesidad de demostrar, probar o defender, practicando la consciencia, la atención, con disciplina sin dudar de la capacidad de conseguirlo.

La necesidad de demostrar le vuelve a uno vulnerable a la crítica, tanto "positiva" como "negativa", forzando estados de ánimo y sentimientos que ejercen dominio sobre el sentir, el que aparenta ser el comandante actual, en lugar de la consciencia.

Cuando el sentir, influenciado por estímulos externos, domina, el caos se vuelve cotidiano, un modo de vida.

Haciendo la analogía con un vehículo, podría decirse que la consciencia es, sin duda, la mejor comandante y el sentir el propulsor ideal y cuya dirección es  ascendente.

La necesidad por demostrar pone al comando al ego que tiene una dirección definida, no ascendente sino lateral, lo que provoca  que el vehículo gire incesantemente sobre sí mismo propulsado por sentimientos  fuera de control.

Salud.

"Existir es una cosa y ser percibido es otra". George Berkeley

"Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos."
Antoine De Saint Exupery

"¡No dependas de los demás! Sé un ser independiente. Escucha tu voz interna." 
"No importa que te amen o te critiquen, te respeten, te honren o te difamen, que te coronen o te crucifiquen; porque la mayor bendición que hay en la existencia es ser tú mismo." Osho

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