lunes, 22 de julio de 2013

Mal de muchos, publicidad de por medio.


Resulta inevitable no contagiarse de malestar cuando se sabe que tantas personas están mal. O al menos, así es cuando se desconoce el hecho de que empatizando con el malestar no se ayuda a nadie.

Pero este fenómeno es ampliamente conocido, sobretodo por aquellos que viven del miedo, inquietud e inseguridad de las personas vulnerables al manejo psicológico .

En este momento, en el mundo, hay de seguro una inmensa cantidad de personas que tienen cientos de razones para estar bien, tienen, si así lo deciden, muchos motivos para sentirse agradecidos, sin embargo, hay algo que lo impide y esto es la publicidad.

Es increíble como una razón de malestar publicitada tiene el poder de borrar las cientos de razones para estar bien.

Si se le pidiese a una persona que, centrándose en las razones por las cuales se siente agradecido, confeccione una lista. Luego, a esta misma persona, se le menciona la palabra “crisis”, o se le informa todas aquellas cosas que NO tiene y que, según la publicidad, necesita para ser feliz. ¿Qué ocurriría con ella en ambas situaciones?.

La publicidad con la que los medios de comunicación ejercen poder sobre el sentir de las personas es más que planeada y forzada. Simplemente porque desde que descubrieron el poder del cuál disponen estos mecanismos masivos de implante de información e ideas no dudan en usarlo.

Pero este mecanismo no funciona por sí mismo, necesita de haber una alienación previa, necesita de haber una predisposición de las personas para poder ser afectadas.

Esta predisposición existe gracias a muchas culturas y creencias, más que nada, del tipo religioso-moral, que crearon improntas por las cuales las personas viven mal de manera crónica persistente.

Por nombrar algunos valores promocionados como humanos o sanos:
- el de mártir que sacrifica su propio bienestar por el mal de otros.
- la empatía, ¿cómo estar bien habiendo tanta gente mal?.
- la dádiva y la caridad son un deber, el que tiene debe darle a los que no tienen por esto de que - los pobres (económicamente hablando) viven mal y los ricos (económicamente hablando), viven bien.
- la igualdad, todos tenemos los mismos derechos, todos merecemos las mismas cosas (porque todos ¿somos iguales? y ¿deseamos las mismas cosas?).
_ la lástima, sentir lástima por los “inferiores”, por los que sufren.

Enterarse de los males del mundo es estar informado, estar informado de los males del mundo y las consecuencias de ésto es, más mal para el mundo.

Se puede, desde este momento, contrarrestar el mal de muchas personas,
Primero: dejando de atender a aquellas cosas que buscan nuestro malestar.
Segundo: inyectando en el flujo de información, aquellas cosas hermosas que ocurren y que no salen ni saldrán en medios masivos de comunicación.
Tercero: identificar el morbo que hace que el malestar se vuelva atractivo y restarle el poder de dominio que ejerce sobre la voluntad.
Cuarto: cuando se experimente malestar, evitar promocionarlo o justificarlo. No darle la atención que demanda le hará desaparecer.
Quinto: Recordarse, siempre que se pueda, una frase como esta "Merezco estar bien" y seguido a ella listar aquellas cosas por las cuales uno siente gratitud y alegría, de modo de tenerlas presentes.

"El bienestar es posible"

Salud.


Nota agregada:
"Las cosas no pasan hasta que te enterás y cuando te enterás, ahí es cuando te empiezan a pasar a vos". 

Así comienza diciendo un spot publicitario de una cadena de noticias muy conocida de Argentina.
Evidentemente tienen muy claro el fenómeno. Habría que preguntarles qué esperan con hacer sentir a todos las mismas cosas "elegidas" adrede por los encargados de la programación, los que suelen ser algo influenciados por los colaboradores económicos.

Un ejemplo de los efectos causados por la media desde viejos tiempos.





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