domingo, 2 de junio de 2013

La muerte.

Una palabra rotunda como pocas. Resuena en la mente haciéndola reaccionar. No por nada es tan usada para manipular. Gobiernos, “medicina”, “Religiones”, psíquicos, etc. viven del miedo a esta palabra.

¿Cuál es el temor que circunda a la palabra muerte?. Puede tener muchas connotaciones, dado que significa el fin de algo, que puede ser una etapa, cosa o relación, sin embargo, lo primero que viene a la mente cada vez que se menciona esta palabra es la muerte biológica y con ella un miedo escalofriante, para no pocos.

La humanidad aprendió a huir de la muerte como si se tratase de la peor opción que nos trae la vida.
Paradójicamente, en algunas culturas, más que nada occidentales, parece estar prohibido morir y a la vez, morir santifica y libera. Una contradicción como tantas que gobiernan sociedades en estado de demencia crónica.
Culturalmente se tiene a la muerte tan santificada y enaltecida que pese a ser la mala de la película le lleva mucha ventaja a la vida en lo que refiere a valor y respeto. Se respetan y valoran más a los muertos que a los vivos. Los muertos no cometen errores, no roban, no traicionan, no critican y, definitivamente, se vuelven casi perfectos con el transcurrir del tiempo, así, en retrospectiva, se tiende a venerarlos o idolatrarlos (ver bibliografía de historia obligatoria enseñada en escuelas). 


En contraposición a los vivos, que son tan incontrolables y poco maleables a nuestro gusto, los muertos son nuestros mejores amigos, hijos, pareja, vecino, gobernante, en fin, no habrá mejor que ellos.

Hay un halo de sentimientos grises que circunda a la muerte y que lleva, indefectiblemente, a vivir mal. Porque pese a que no se piense consciente y constantemente en la muerte, es algo que sabemos está ahí y cada día que pasa avanzamos un poco más hacia su encuentro. Es por esto, que en el momento en que alguien hace mención de esta palabra, se desencadenan en la mente una cascada de imágenes funestas y terroríficas que atemorizan.

Hoy en día los medios de comunicación le recuerdan a la comunidad que algo los puede matar, cada vez que desean vender algo, recuerdan la muerte masivamente. Por ejemplo:
  • virus que matan, la gente puede morir de gripe (pese a poder solucionarse con una simple infusión de limón y reposo), así se presentan los nuevos avances de la farmacología que nos salva de la muerte, literalmente, con sus vacunas. 
  • inseguridad, podemos morir sacando dinero del cajero, por eso el gobierno y los bancos le hacen el favor a las personas de darles tarjetas, cuentas bancarias y sacar los costos de transferencia (dinero electrónico) para evitarles un final terrible.
  • o, puede que no salven de la muerte, pero si le “aseguren” un buen pasar a los supervivientes, con las pólizas de seguros de muerte.
¿Qué ocurriría si nos amigáramos con la muerte?.
No digamos al punto de ir en su búsqueda apresuradamente, pero sí en el sentido de que nos brinde una vida más tranquila sacándonos de la huida constante.
Siendo que la muerte es parte de la vida, ambas se convierten en un mismo ciclo, en una misma cosa que no está separada, sólo la mente demente separa la muerte de la vida ya que son la misma cosa. Nadie nace sin comenzar a morir en el mismo instante.
Una buena forma de buscar hacer las pases con la muerte es poniéndole un rostro alegre y amigable, hacer una imagen de ésta que nos de risa.

En general, se asocia a la muerte con el color negro, podríamos pintarla de colores, adornarla, maquillarla o dejar su rostro negro, muy obscuro, y dibujarle una sonrisa muy blanca y brillante, y los ojos achinados. Podríamos jugar con estas cosas, nada lo impide.

Si la muerte ya entró en contacto con la vida de alguien dejándolo en duelo, no necesita apresurarse en salir adelante, puede dejar que la muerte le enseñe el rostro sabio, ella le sacará de los problemas banales tras los cuales estuvo corriendo. No trate de distraerse de ella.

La muerte biológica de una persona recuerda que somos como segmentos, difícilmente coincida la totalidad de nuestro segmento de vida-muerte con el de alguien más. Esto es, habrá quienes sean testigos de nuestro nacimiento, y nosotros testigos de su muerte o quienes nos vean nacer y morir, y también veremos nacer y/o morir a otros.
Hay quienes sostienen que la mejor manera de vivir intensamente es pensando en que no viviremos un día más, vivir cada día como si fuera el último que tenemos para disfrutar de respirar, ver, abrazar, sentir.

No vivir como muertos con un futuro prometedor de una vida segura y feliz, sino, por el contrario, reconocer que nadie tiene ni un solo día de su vida asegurado. 

Y si hay deseos proyectados por cumplir, que éstos no se lleven la alegría del día con la preocupación u obsesión por lograrlos.
Que tenga un buen día.
Un buen día más otro buen día hacen una gran vida.

Salud.


Artículo dedicado a la muerte de Javi, porque gracias a haber sido tan cercanos y sentidos en la vida, su muerte me hizo morir, morir a lo viejo.  Agradezco eternamente que haya destruido literalmente lo que yo consideraba mi vida, y abrirme así la posibilidad de vivir, elevarme y conocer.

2 comentarios:

  1. siempre dejas pensando. hay que tomarse tiempo para digerir todo lo que decis.
    y el video es grandioso. contagias
    salud!

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  2. Me alegra que un artículo con esta temática haya causado un comentario donde se atisban sensaciones vivas.
    Gracias Guille.

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