jueves, 9 de mayo de 2013

Pensar en la retribución parte de la domesticación.

¿Habrá algo más evidente que lo denigrante de la domesticación?, sobretodo cuando se trata de humanos pensantes e inteligentes.

Es admirable como algunos animales aprenden a través del método de premios a la prueba realizada. Éstos suelen sorprendernos con su capacidad de aprender de nosotros, los humanos, algunos trucos para entretenernos, acompañarnos y servirnos a nosotros, los humanos.

Así y todo, muchas veces es un método algo apelable, dado que puede resultar abusivo por parte de algunos que sólo tienen como intención el objetivo único de manipular.

Ahora bien, este método de domesticación no se circunscribe solamente a animales no humanos, algo que resulta preocupante, ya que, si bien la domesticación de un animal puede llevar como objetivo transferirle algún conocimiento humano que le beneficie, ¿cuál sería la razón para domesticar a un humano?.

Y aunque aparente ser este método exclusivo de algunos pocos despiadados, no lo es. Es el método por excelencia que deciden utilizar, la gran mayoría, para impartir alguna enseñanza, sobretodo los padres y educadores, ellos descubrieron que el niño responde positivamente al estímulo con premios, sea que se trate de objetos contundentes o actitudes como el aplauso o el otorgamiento de “libertades”.

Este primordial aprendizaje a temprana edad deriva en lo que se refleja en la sociedad actual.

La esclavitud de personas que sólo responden al estímulo limitando su capacidad y potencialidad hasta lograr con gran éxito la ansiada mediocridad.

No resulta poco frecuente encontrar a aquellos que con orgullo exponen su “rebeldía” a través de la auto-limitación, con afirmaciones como: “si me pagan poco, hago poco”.

Es una constante la creencia de que es gran cosa la defensa del valor de uno, su tiempo y su creatividad con el reclamo de algo a cambio, que por lo general se trata de dinero, “favores” o reconocimiento. 

Es claro que las personas no caen en la cuenta que, de esta manera, no están experimentando la auto-realización por su propio desarrollo sino que ésta depende de lo obtenido a cambio. Y con esta visión y forma de hacer las cosas está consiguiendo convertirse a sí misma en el famoso “recurso” humano, tan utilizable y cotizable como cualquier otra cosa.

Es por esto que en muchas partes del mundo existen las instituciones sindicales, que más allá de lo enviciadas que estén y que busquen su propio beneficio a costa de los trabajadores, son los encargados de cotizar el trabajo, el tiempo y la creatividad de las personas, que son, muchos de ellos, los encargados de contribuir con las cosas necesarias para la vida (casa, alimento, energía, salud, educación, etc).

A veces imagino qué pensará un niño cada vez que su maestro de escuela no se presenta a dar clases porque se encuentra en paro por reclamos de una mejor retribución.
Un niño ¿podrá llegar a concluir que su maestro está enseñándole no porque le importa su educación sino porque le dan algo a cambio?. ¿Será ésta una enseñanza implícita para el niño?.

Entiéndase este planteo, no como algo especulativo o rencoroso, sino como algo que ocurre realmente y es el resultado de muchos años de enseñanza, siempre la misma enseñanza.
Es comprensible que en el sistema económico reinante se pretenda una retribución económica por el trabajo, y ese no es en sí el gran problema, sino que éste radica en supeditar lo que uno es o hace a esa retribución, la cuál NUNCA, léase bien, NUNCA, logrará recompensar un sólo minuto de vida de una persona.

Alcanza con comprender que uno, como humano inteligente, se vuelve abundante y dichoso en el acto de dar lo que es con toda su presencia olvidando cuál será la retribución.

Uno agradece lo que es y tiene en el momento en que da, y lo grandioso es que todos somos capaces de percibir cuando estamos frente a esa actitud suelta, alegre y desinteresada de una persona que reconoce que lo que hace, lo hace por sí misma y no por reconocimiento o por hacerle el favor a alguien.


Salud. 






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