martes, 20 de noviembre de 2012

Farmacéuticos de entre casa. Fenómeno moderno y riesgoso.


Las enfermedades habrían existido en el mundo desde épocas muy antiguas o quizás, desde siempre, no lo sabemos.


La cuestión es que parece que las personas hemos lidiado con este fenómeno que atenta contra nuestro cuerpo volviéndonos sus aparentes víctimas. Y esta posición de víctima no sólo resta responsabilidad sino que también quita el poder de sanación con la propia voluntad.

En consecuencia, a través de los tiempos, fueron surgiendo “armas” para atacar a las enemigas del cuerpo.


El “padre” de la medicina moderna, Hipócrates, habría acuñado la frase “que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”, aludiendo al muy sensato hecho de que no hay diferencia entre lo que se ingiere, no hay medicinas y alimentos, al menos así era.

Pero, como los alimentos producto de la economía de consumo son los que enferman(*), han pasado a diferenciarse de la medicina.

La medicina, por su parte, se ha vuelto sinónimo de farmacología. Las personas han forjado un pensamiento un tanto diferente a lo que proponía Hipócrates, en su lugar optaron por volverse intelectuales de los fármacos.

No son muchas las personas que cuando se les menciona una afección no den cátedra de algún determinado fármaco, como ser, aspirina para la circulación, ibuprofeno o paracetamol, para el dolor o la fiebre, antiácidos como milanta o ranitidina para la acidez, salbutamol para broncoespasmos, y muchos otros que ignoramos.




Estos nuevos farmacéuticos de entrecasa han proliferado gracias a las publicidades, tanto de los medios como de los médicos, quienes por arte de magia olvidaron su juramento, justamente, el juramento Hipocrático.



Así es como en estos días se puede vivir vertiginosamente, aceleradamente y sin dejar espacios para tomar consciencia de la ausencia de presencia en la vida.


Me tomo una aspirina y sigo, porque no es posible parar, no se puede perder tiempo, la economía no lo permite.


Las enfermedades son una señal que envía el cuerpo para que la persona se anoticie de que hay algo que está mal y hay que arrancarlo de raíz, pero el farmacéutico sugiere un parche rápido para seguir funcionando sin cambiar en nada, mantener todo como está.



Sabemos que maquillar la causa del problema para no notarla no es la mejor opción para la salud, y mucho menos cuando uno resulta alérgico a ese maquillaje. Esto quiere decir que es públicamente conocido que los fármacos vienen acompañados con una lista de efectos colaterales que a veces son hasta peores que la afección que “curan”.



Quienes diseñan los fármacos se asemejan a veces a una especie de arquero cuyo blanco está ubicado en la afección en la cual hace foco y se define a terminar con ella dando en el centro, pero no contempla que su posición no le permite llegar con su flecha directamente, sino que ésta atravesará otras partes del cuerpo dañándolas, y él sólo se contenta con lograr su cometido, dar en el blanco de manera efectiva. Y los daños que haga la flecha al pasar, son los daños colaterales, a veces aceptables, a veces, no.



No es mala idea, para aquellos quienes quieren recurrir a medicina, lo hagan, pero a algo más natural dentro de lo posible, sabiendo que también tiene su riesgo, no es tan dañino ni tan caro como lo son los fármacos. Descontando que en la medida que las personas se vuelquen hacia una vida más saludable y ya no recurran a fármacos para todo, le quitarán un poco del poder del cuál disponen las compañías más poderosas del mundo, como lo son los laboratorios farmacológicos comerciales de origen norteamericano, dueños de la mayoría de las patentes de los medicamentos más promocionados de uso sin receta médica, y de los otros también.



Podemos retomar el uso del limón y la miel, ambos ácido basificantes o alcalinizantes, esto significa que ayudan al cuerpo a liberarse de organismos dañinos que viven en ambientes ácidos y que causan resfrío, gripe y afecciones varias.


El ajo y la cebolla, ambos considerados antibióticos naturales y un buenos depuradores sanguíneos.

Infusiones boldo, manzanilla, té verde, etc.
Procurar una alimentación más bondadosa con el cuerpo, como ser alimentos crudos (frutas, verduras, frutos secos, legumbres, grasas, etc) y en poca cantidad, dado que se trata de un alimentación con alto contenido nutritivo y no resulta prudente el exceso. 


Aún no nos explicamos por qué fueron reemplazados los vapores de agua por las nebulizaciones, y las enemas ya ni se mencionan para el caso de fiebre y malestares varios, los cuales, muchas veces, se solucionan con una simple limpieza de intestino.



Salud.


PD: hay que recordar que la medicina, tanto comercial como natural (alimento), ayudan a terminar con alguna afección, por la que uno debe preguntarse qué la causó de modo de desarrollar la forma de mantener la salud logrando que no vuelva a ocurrir, asumiendo la responsabilidad y evitando cometer el mismo error.


2 comentarios:

  1. Si bien cada dolencia sufrida tiene un origen particular, no hay gran diferencia en lo que se refiere a recomponer el estado de salud.
    En este blog se menciona reiteradas veces el poder que tiene la mente, tanto consciente como inconsciente. Es en aquello en lo que la mente hace foco, lo que cobra más poder.
    Es por esto que se le debe retirar total atención a la dolencia. No debe encararse su disolución yendo contra ella sino ignorando su existencia, Es decir, no enfrentarla y tratar de terminar con ese aparente mal sino caminando en otra dirección sin que te importe... no importa cuanto duela a veces.
    Lo más recomendable es comenzar disciplinando a la mente de modo de enfocarla en cosas gratificantes el mayor tiempo posible. La meditación hace milagros en ese sentido.
    Un vez encaminada la mente, viene lo demás. Naturalmente el cuerpo buscará nutrirse de lo que necesita para mantenerse bien.

    Salud!

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