viernes, 24 de agosto de 2012

El bienestar es posible desde los sentidos.


¿Quién no sintió esa música que le estremecía o transportaba a momentos de paz y relajación? ¿quién no sintió ese aroma que le hizo dejar de hablar para disfrutar y sonreír? ¿quién no sucumbió bajo una caricia suave de alguien amado? ¿quién no sintió deleite por ese manjar que se deshacía en la boca? ¿quién no sintió como la belleza de un paisaje, una flor, una persona o una pintura le cautivaba y aislaba por unos momentos de la realidad?.

Las personas tenemos el potencial de transformar nuestro sentir de manera voluntaria y con ello nuestra realidad del momento.

Y creando momentos de deleite para los sentidos se pueden generar estadíos de felicidad, bienestar y paz que devienen en un cuerpo que representa ese sentir, que se regocija y sana desde un estado en el cual le resulta imposible experimentar malestar.

Es esa una atribución que las personas podemos tomarnos, volvernos hacía la satisfacción por momentos, momentos que pueden cambiar la vida de cualquier persona, porque esa es su voluntad y su decisión de querer estar en paz y feliz.

Cualquiera que haya percibido una imagen y/o sonido de un noticiero, o de una pelea televisiva, sabe lo que causa en su interior, y sabe cuán atraído se ve por esa sensación de auto-flagelación a través de la empatía con el horror y la deshumanidad.

El morbo que reina y que es tan popular y que crea a la vez más y más malestar general, es alimentado por la decisión de tantas personas, que inconscientes, que sin razonar, no atienden a lo qué están haciéndole a sus cuerpos y sus mentes, que una vez dañados ya no pueden brindar nada bueno a nadie.



En la creencia popular de que acompañar el malestar de alguien con malestar le ayuda, radica la raiz de muchos males que no permiten a comunidades de personas emerger del malvivir, sin preguntarse qué están haciendo mal.

No debemos de negociar el bienestar que nuestra vida puede disponer en cualquier instante que lo deseemos y reflejemos en un simple acto. Apagar la TV a la hora del noticiero o el programa denigrante y/o violento, relegar el diario en la zona de noticias funestas y necrológicas, cambiar de un programa de radio agresivo a uno amigable y divertido.

¿Cuánto tiempo de la vida le estamos regalando al malestar? ¿y con qué fin? ¿cuánto vamos a vivir?.

Va siendo hora que musicalicemos con buena música, adornemos y perfumemos con buen gusto nuestras vidas lo que sea que duren, sin perder más el tiempo en resistirnos a estar bien, plenos y felices.

Hay una frase que dice algo como “las enfermedades no existen, existe la gente enferma”, quizás quiera simbolizar el hecho de que nada dañino se acerca a un ser en paz, porque su entorno se armoniza con su sentir y su cuerpo se deleita y reboza de salud.

Caricias, baile, aromas y sonrisas pueden sanar a la humanidad. Y este no es un planteo new age ni descabellado, viéndolo desde la perspectiva de que una persona que malvive no solo no ayuda a nadie sino que contagia eso, que la paz y la plenitud reducen los niveles de ansiedad y estrés y con ello el caos del tránsito, el consumismo y enfermedades, y por consiguiente, disminuye la contaminación, mejora la economía familiar, los bienes no consumidos en demasía por unos pocos pueden distribuirse mejor brindándolos a aquellos que tienen necesidades y esto es sólo un pantallazo de lo que puede traer aparejada una simple decisión, la de estar en paz.

Salud.





2 comentarios:

  1. Hola, me parece un aporte fabuloso el que haces con estas palabras y las ideas que dejas.
    Personalmente, muchas veces puedo vencer esos sentimientos grises, pero otras tantas, simplemente no. Se que el poder está en uno mismo, pero a veces no puedo ejercerlo.
    Te animarías a publicar alguna guía de ejercicios?
    Muchas gracias!

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    1. GDBE, agradezco grandemente tu comentario en nombre de los integrantes de css.
      Y respecto de tu consulta, creo que se responde en el artículo sobre qué cosas podríamos hacer, si es la intención de estar en paz, y es apelar a los sentidos, estimulándolos con aquello que de bienestar.
      El artículo busca llamar la atención sobre cómo ideas, creencias y hábitos inducen al malestar.
      Sería cuestión de preguntarse qué idea, creencia o hábito está induciendo sentimientos grises, identificarla/o y evaluar si tiene sentido.
      Se da el ejemplo de personas que inducen el malestar en sus vidas a través del hábito de "estar informados" esto encierra la creencia de que saber cuántas personas mueren o enferman, cuántas economías se caen, cuántos accidentes ocurren, cuánto riesgo hay en vivir en sociedad, etc. sirve de algo. (¿Hasta cuándo? diría Peter Capusotto)
      Esos sentimientos grises suelen estar muy bien fundamentados por las personas que los provocan, se enamoran de ellos y no quieren dejarles ir.
      Las creencias que generan y sostienen esos pensamientos de malestar deben ser cuestionadas. Eso las expone y disuelve, porque suelen ser incoherentes.
      Ejercicio: Decite "Yo decido estar bien" y poné buena música, mirá una película, salí de caminata por un lugar que sientas que te hace bien, llamá a un amigo, leé, imaginá gente riendo a carcajadas (como la del video), pedí perdón, perdoná en tu mente a quien sientas haber condenado, hacete caricias, respirá fuertemente y decí "estoy vivo/a y feliz".
      Podría seguir, pero creo que queda reflejada la idea, de que el bienestar comienza a ocurrir desde la decisión, intención y voluntad de que así sea.
      No es sensato buscar estar bien cuando se desea experimentar el malestar. Algo que a veces ocurre.
      Salud.

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