jueves, 14 de marzo de 2013

Paranoia. La guerra silenciosa.


La mente suele parecerse demasiado a un procesador de información estadística, que con una gran velocidad saca cálculos, hace presunciones y pese a ser éstos procesos, generalmente, basados en la ilusión, influyen en forma determinante en el sentir, proceder y decisiones de las personas.

La paranoia está presente crónicamente con mayor o menor intensidad, gracias a esas dotes mentales de procesamiento mal usadas. Ésto se debe, más que nada, a ese mecanismo de defensa que se activa cuando la persona no siente cariño por sí misma.

Si bien, la paranoia es considerada una enfermedad mental cuando desarrolla cierta agudeza, es evidente que es un fenómeno masivo, por la simple razón de que el amor propio brilla por su ausencia.

Una de las situaciones más frecuentes de paranoia es causada por los celos de la pareja, amigos, familiares, etc. La persona que experimenta celos desencadena una serie de pensamientos auto-sostenidos y reforzados que crean en la mente de ésta un mundo muy difícil de disolver hasta con la más rotunda realidad que muestra el error de cálculo o suposición.

Es frecuente que personas egocéntrico-narcisistas tengan ocupada su mente demasiado tiempo pensando en qué estarán pensando de ellos los demás y así generan pensamientos y  contrapensamientos
Por lo general, la paranoia cotidiana se caracteriza de pensamientos negativos, escenas mentales de peleas, discusiones, estrategias de defensa o ataque, etc.

Esto, no solamente causa un estado poco saludable a nivel mental sino también a nivel físico. Por ejemplo, hay personas que experimentan reflujo en la garganta o tensión en la mandíbula, cuello, cara, hasta entumecimiento de las articulaciones, y todo esto debido a que el mundo mental envía información al físico, el que busca responder a esas situaciones ocurridas en la mente.

Alguien que tiene demasiado parloteo mental, genera reflujo en la garganta, ya que los mecanismos del habla se activan pero, por lo general, no se utilizan. Aunque hay quienes tienen tendencia a hablar solos sin percatarse de que eso ocurre, éstos últimos, puede que desarrollen otras dolencias físicas, como la tensión muscular, porque envían impulsos a las articulaciones desde imágenes mentales de castigo físico o pelea, indicando el movimiento pero no llevándolo a cabo.

Es así como la paranoia crea un mundo ficticio muy poderoso que mantiene guerras que no siempre llegan a exteriorizarse para suerte de la sociedad pero que van en detrimento de la salud del represor de las emociones causadas.

Lo más aconsejable, para quienes han logrado identificar esos momentos de convulsión mental, es disipar los pensamientos nocivos con motivos convincentes, como ser, decirse en voz alta (aunque parezca loco) Estoy en paz o decido estar en paz, no tengo miedo, no soy víctima, yo perdono, y todas aquellas frases que le brinden paz mental, porque relajan la tensión causada por los pensamientos que, por haberse vuelto recurrentes, parecen autónomos y dominantes de la voluntad.

La meditación del silencio es una gran herramienta para no sólo descubrir el flujo de pensamientos en off sino también para disolverlos. Ésta puede realizarse de manera simple, sentado cómodo, centrándose en el ir y venir de la respiración, sin pensar. Ese "sin pensar" durará pocos segundos al comienzo, y con la práctica se irán ampliando los momentos de silencio mental trayendo consigo un gran alivio y renovación.

Hay una frase que reza:
"Si estás en paz contigo mismo, al menos hay un lugar pacífico en el mundo".

Podemos aportar nosotros mismos un lugar de paz al mundo.



No hay razón para hacer caso,
a la perturbación sonora,
observando el ruido,
el que la mente adora,
libero la música que en mi mora,
que aleja fantasmas vibrantes,
de desafinadas notas.
El diapasón se activa de una sola forma,
la verdad latente que del corazón asoma,
toda la inmensidad atraviesan las ondas,
armonía coherente calma las olas,
mar embravecido nivela sus formas,
suave caricia de quien
sus ansias calma,
unidas sonrisas, invertidas, sincrónicas,
sana una arena de sus grietas hondas.

Micaela Javi.

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